Oh, Roma, dulce y eterna Roma.
La ciudad del Imperio Romano. Si Cesar la viera en pleno siglo XXI se levantaría de su tumba solo para poder pasar una noche en sus calles. En serio.
Porque la mafia nunca fue ningún misterio o secreto dentro de Roma, y Cassavacchi y Záitsev lo son mucho menos ahora.
Sí, amigo, italianos y rusos son como perros y gatos.
Una guerra se ha llevado a las calles y ahora se lucha por el poder, porque todo se ha vuelto personal. Droga, sexo, dinero. Cualquier excusa es válida para rivalizar y ganar. No importa quién caiga o a quién haya qué cerrarle la boca.
Nativos y extranjeros luchando por Roma, la ciudad que cambia al caer la noche.
¿Y tú? ¿Quién eres en esta guerra? ¿Un socio o un enemigo?
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New city, same damn story - K

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New city, same damn story - K

Mensaje por Penny L. Trautner el Sáb Feb 09, 2013 8:15 am

”Volare, oh oh, cantare, oh oh oh oh, nel blu dipinto di blu, felice di stare lassu”, cantaba la rubia en un italiano destrozado por el acento alemán. La canción no le gustaba del todo, quizás porque no le entendía y porque últimamente la escuchaba en todos lados. Era el himno de Italia para los turistas, en verdad, hasta en las estaciones de radio la tocaban al menos una vez al día como una de las clásicas más populares. Era imposible que Trautner se bajara del camión sin siquiera tararearla. La gente la veía raro, seguro estaba destrozando la lírica, y eso más placer le producía al ver las caras de horror de aquellos amantes de la cultura popular italiana.

Cinco horas de trayecto en camión, ya sentía que se quedaba sin trasero, le dolía la espalda de estar tanto tiempo sentada y aún quedaba llegar al departamento con todo y la maleta de viaje. Venecia había sido un respiro para el alma, aquella bocanada de oxígeno al salir del agua y si no le había servido para encontrar la respuesta a sus problemas al menos se había olvidado de ellos durante cuatro deliciosos días. Ser la consentida del jefe en el casino tenía ventajas, incluso cuando se tienen sólo seis meses trabajando en tal lugar; era el don nato de estafador que tenía la rubia, muchos encantos y muchos adictos al juego eran su combinación favorita.

La consentida, la consentida pero no había alcanzado el carnaval de Venecia, las máscaras en los escaparates eran una invitación abierta a fundirse en ese ambiente de misterio y fiesta; ahí dónde no se sabe quién es quién y la carne es el platillo principal, como le había explicado alguno de los lugareños. Salir de la ciudad flotante antes de dicho evento fue una lástima, los turistas llegaban multiplicándose por hora, las pre-celebraciones resonaban en cada lugar público en espectáculos diurnos y nocturnos dignos de verse. Las góndolas, aún con su aura romántica, tenían un nuevo matiz, el barquero que te lleva a la siguiente aventura, la más grande de la vida mientras la música mana de todas partes embriagando los sentidos.

Pero una vez cruzada la puerta del departamento las cosas volvían a caer en su lugar, era la realidad que terminaba alcanzándola tarde o temprano, aunque si le preguntaban siempre preferiría que fuera tarde. Eran pasadas las cuatro de la tarde, con las persianas abiertas, la luz del sol se filtraba por todos lados, la luz eléctrica sobraba en un día tan despejado como ese por lo que no se podría valer de la luz bajo la puerta para saber si estaba o no estaba sola en el departamento. Agudizó el oído durante unos segundos y no escuchó nada, menos mal, al menos no tendría que poner buena cara cuando estaba exhausta (y peleada con K por las mismas cosas de siempre). El sillón estaba más cerca que la habitación, las maletas se quedaron en la puerta, medio estorbando el camino mientras ella se dejaba caer de espaldas en el sofá de tres plazas, los pies sobre el reposabrazos aún con las botas altas y la mirada perdida en el techo. Tanteó entre los cojines hasta que dio con el control remoto, apretó el botón de encendido y subió el volumen, el canal era conocido y sólo pasaban videos musicales así que se reventó los oídos cantando la canción de moda con el artista. Cerró los ojos, estar en casa, pese a todo, era lo mejor.
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Re: New city, same damn story - K

Mensaje por Jake Scott el Dom Feb 10, 2013 4:07 pm

El silencio solo se rompe cuando la chica rubia enciende la televisión empieza a cantar. No hay voces, ni avisos. No hay sonidos de teléfono móvil, ni gemidos amortiguados por las paredes, lo que solía ser la banda sonora de aquel piso desde que la inusual pareja se instalara hace ya más de seis meses. Por no haber, no se oyen ni las pisadas acolchadas y frágiles de la mascota del inglés, que siempre aparecía cerca de la puerta cuando ésta se abría, vigilante.

Sobre la mesa del comedor, justo delante de la televisión, para Penny había pasado desapercibido un pedazo de papel algo ajado, justo debajo del cenicero. El sol entraba tranquilamente en la casa, iluminando la mesa de cristal, que en el fondo guardaba revistas y periódicos viejos. En esa hoja de cuaderno había algo escrito, algo que decía así:
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La imperativa necesidad de hacer algo

Mensaje por Penny L. Trautner el Dom Feb 10, 2013 7:17 pm

La televisión seguía resonando, imágenes sin sentido como la mayoría de los videos musicales que sacaban los artistas pop del momento. Una mujer estadounidense ahora aparecía sólo con franjas de plástico con ‘Precaución’ tatuado en negro sobre el fondo amarillo. Penny se quedó embobada un momento observando la imagen sin entenderla, tarareando la melodía inconscientemente, era increíble que la gente ganara millones por hacer cosas así, y además de que tuvieran un sequito de fans dispuestos a fundar una religión por cada nuevo éxito que tenían. Parpadeo un par de veces saliendo de ese trance hipnótico, esa magia oscura que tenía ese tipo de mercadotecnia para atraer hacia sí hasta a las mentes más duras de roer aunque sólo para dar más comentarios. Que en ese mundo de fama lo importante es que hablen, lo de menos es si son buenos o malos los comentarios.

Los músculos dela rubia gritaron en silencio, ya llevaba mucho tiempo tumbada sin hacer nada y eso nada más era posible cuando se iba a dormir, estar quieta no era una de sus características. Se incorporó en el sillón y se sacó las botas después de varios tirones, abandonó las calcetas junto con los zapatos negros en el suelo y disfrutó del tacto tan bien conocido de la peluda alfombra. Desperezó sus músculos estirándose de casi un brinco, la quietud era asombrosa, ni un alma pasaba por el lugar lo cual era extraño en un piso que era varias veces víctima de reclamos por lo ruidosos de sus inquilinos.

Penny se perfilo a la cocina y sacó del refrigerador un cartón de jugo, lo despapó y tomó de la boquilla, se ahorraba la fatiga de tener que ir por un vado y después lavarlo. Se llevó el cartón consigo de regreso a la sala, echó un vistazo rápido a las habitaciones que tenían las puertas entreabiertas nada más para confirmar que no había nadie más, ni siquiera escuchaba a Gato, esperaba que no se hubiera perdido porque era como la mascota nacional para esos dos y seguro ardería Roma si algo le pasaba al felino.

Las demás cosas parecían estar en su lugar, desordenadas pero en el lugar de siempre. El olor de cigarro propio de la casa estaba atenuado, no pegaba al rostro con la misma fuerza que siempre. Eso sí era raro. Un destello del sol reflejado en el cristal de la mesa la cegó un momento, mala idea comprar una mesa de cristal, primero no daba la privacidad debajo de ella en las comidas (la cual tampoco se necesitaba pues pocas veces lo usaban como tal) y ahora te dejaba ciego. Buscó un trapo para echárselo al cristal y evitar una visita al oculista. Al ponerlo se percató de algo, el cenicero limpio reposaba sobre un papel escrito

Las letras pasaban frente a sus ojos y resonaban con la voz de K en el interior de su cabeza. Entraban como dagas por sus pupilas, lastimando algo que iba más allá de la simple razón. Me fui. ¿Cómo? Se vio en la necesidad de apagar la televisión pues el ruido comenzaba a ser insoportable. ¿Qué? Volvió a releer la carta, casi todo carecía de sentido excepto esa parte que le decía que se había ido. Aún no me he marchado de Roma. Se aferró al a frase, necesitaba saber que aún seguía ahí, aquí no pero por ahí, en cualquier lado donde pudiera alcanzarlo.

Los segundos se volvieron oro, debía de hacer algo antes de que llegaran un par de desconocidos a recoger las cosas de Jake, no importaba lo mucho que se opusiera a ellos porque él era capaz de largarse sólo con la cajetilla de cigarros y la ropa que traía encima. Su instinto la llevo a lo más básico, cogió el teléfono y marcó su número. Las interrogantes se arremolinaban en la cabeza. -Contesta, contesta-. Era una urgencia. ¿Cuánto tiempo llevaba fuera? ¿Unas horas? ¿Un día? ¿Un par de días? ¿Desde el instante mismo en que se largó a Venecia? ¿Por qué se había ido a Venecia?
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Re: New city, same damn story - K

Mensaje por Jake Scott el Lun Feb 11, 2013 12:22 am

El teléfono del hombre no da tono. Después de un largo silencio, la conocida voz salta desde el contestador. Ya nadie usa contestador, pero sí, el sí.

- "Here's K, leave your message and I'll call u. Or not. Dunno."

Después de eso suena un pitido seco, no sin antes el clásico anuncio de la operadora en italiano. Tanto Jake como Penny se habían asegurado de cambiar todo lo referente al número de teléfono nada más abandonar Berlín. ¿Y si era otro dato recopilado en el Prúsia? Mejor dejar eso atrás. Siempre se preguntaba en sus horas de insomnio que por qué seguía teniendo el mensaje del contestador en inglés, si no había nadie de su familia o antiguo círculo que tuviera ese número de teléfono. Un tipo de costumbres.

El mensaje lleva en la mesa tres días, y lo sabes porque K siempre tacha los días del calendario que tenéis colgado en la nevera. El piso parece muy limpio, señal de que, si bien no se ordenó, se le practicó una limpieza a fondo. Quizá fue el casero. O quizá el propio K, en un último intento por parecer una buena persona.

A los pocos segundos, llaman al timbre con insistencia. Detrás de la puerta hay tres tipos con gorras y uniformes de lo que parece ser una empresa de mudanzas. Uno de ellos hace la estupidez que hace mucha gente, de intentar mirar por el otro lado de la cerradura con la esperanza de ver algo. Parlotean en italiano entre ellos y ríen, tal vez se preguntan si la tal Penny de la que les ha hablado el cliente estará en casa, o puede que hablen de la última de Berlusconi. En cualquier caso, siguen aporreando la puerta y llamando al timbre simultáneamente, algo impacientes.
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Maldiciones alemanas

Mensaje por Penny L. Trautner el Lun Feb 11, 2013 12:54 am

El tono suena, una vez, dos veces, tres veces, la rubia pierde la cuenta de cuántas veces ha sonado, han sido demasiadas y se lo confirma el mensaje de voz de su compañero. Al menos el número no está desconectado, cosa que la reconforta al mismo tiempo que la enerva demasiado. No quiere o no puede contestarlo, personalmente ella se inclina por la primera a menos claro que se esté ocupando con una mujer entonces… alto, da exactamente lo mismo porque sigue sin saber dónde jodidos está y el muy cobarde sólo ha atinado a dejarle una notita cual niño pequeño.

La maldición en alemán resuena por todas las paredes del departamento, que la escuchen los vecinos le vale una maldita mierda. El timbre suena, vuelve a sonar y lo siguió ignorando; al menos las llaves de K no estaban y eso le tenía que decir algo, ¿no? Los aporreos en la puerta continuaron con más fuerza, de no parar tirarían la madera y tampoco estaba para pagar los desperfectos que algún desquiciado –probamente borracho- estaba haciendo.

-¿Qué demonios quieren?-. Preguntó abriendo la puerta de un tirón, molesta y algo agradecida de tener a quién echarle la culpa de un problema que ella se buscó a pulso. Su italiano es malo pero primero que nada las maldiciones, a la mierda también con la buena redacción. Escuchó las palabras de los italianos que parecen ladrones, le dicen algo de una mudanza o lo que sea, a lo mejor incluso están bromeando con llevarse hasta sus ‘melones’, la verdad es que no le importa que el de la izquierda esté para tirarse más que un polvo rápido.

Por las partes de la conversación a las que le presta bastante atención dedujo que se iban a llevar las cosas de K, y esas no se las llevaban ni pasando por su cadáver. Discutió con rapidez y rabia, necesitaba saber a dónde se las querían llevar y ellos se rehusaban a decírselo por quién-sabe-qué motivo. Desgraciados. La rubia estaba molesta, terminó por azotarles la puerta en la nariz, cogió el móvil y volvió a marcar.
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Re: New city, same damn story - K

Mensaje por Jake Scott el Mar Feb 12, 2013 1:41 am

Los operarios, contrariados, apenas alcanzaron a devolverle una palabra a la joven inquilina, lo que sí hicieron fue bajar las escaleras, preguntándose qué hacer y decidiendo al fin marcar el número del cliente. Jake, respondiéndoles desde el número que les había dado, les dice que pasen a buscar sus llaves por la dirección que les había dado. Ellos asienten y vuelven a la central, que de perezosos y mentirosos, le han dicho que estaban demasiado ocupados, que ya lo harían mañana. De alguna forma, les habría amedentrado Penny seguro, pensaba el inglés.

La llamada de la germana al móvil de K resulta tan exitosa como la otra, aunque a pesar de ello el teléfono sigue encendido. ¿Por qué? Una vez más, salta el contestador, con la misma voz de unos tiempos mejores. Un minuto después de eso, llega un mensaje de texto. No un whatsapp cualquiera, un mensaje de texto.

"Ya sabía yo que la carta no te echaría atrás... iluso de mí. Penny, por favor, quedó claro en el hospital, no me digas que ahora te retractas. Lo que dijiste es cierto. De todas formas, no voy a ser tan cobarde. ¿Vale? No te mereces que me vaya como una sombra."

Al rato, llega otro más, porque en uno solo no le cabía todo.

"Pasado mañana cojo un avión hasta Manchester. Podemos despedirnos en el aeropuerto. 11.30, en el mostrador central. Te quiero."

Ahora sí, el teléfono se apaga.
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La promesa del mañana

Mensaje por Penny L. Trautner el Mar Feb 12, 2013 5:27 am

El teléfono dándole tono infinidad de veces para terminar de mandarla a buzón le encrespan los nervios más de lo que ya los tiene. Se lo ha ganado a pulso pero se niega a aceptarlo, mientras el teléfono siguiera sonando ella seguiría insistiendo, no importaba si debía de repetir la operación toda la noche e irse al trabajo con el aparato pegado a la oreja. ¡que se jodieran los demás que esto era de vida o muerte! Penny estaba desesperada, al menos tenía la pista de que intentaba llevarse sus cosas por una u otra razón (lo de menos en este instante) por lo que seguiría insistiendo en esa línea. Tomó la bolsa de estraza que reposaba sobre la maleta y la aventó al suelo, escuchó los pedazos de la máscara de carnaval de cerámica pintada y decorada a mano romperse contra el suelo. ¿Si iba a marcharse por qué le había pedido un maldito souvenir? Y ahí iba ella de ingenua a gastarse casi cien euros en algo que pudiera gustarle para que la recibiera con un ‘te quiero, soy tuyo pero me voy’.

La alemana corrió hasta su habitación, no la de ella, la de Jake, revisó los cajones porque algo tenían que decirle esos condenados muebles. Extrañaba los maullidos de Gato, los dedos de K sobre el teclado. Maldijo de nuevo, muchas pertenencias aún estaban ahí pero las más importantes habían desaparecido, ropa y artículos de aseo personal. El móvil le sonó en la mano, un reluciente sobre apareció acompañado del nombre tan cobarde que nada más le había dejado una nota. Perfecto, ahora le escribía, ¿qué no podía contestar la puta llamada? ¿Tanto le costaba?

Leyó el mensaje una y otra vez, al parecer se la traería todo el día de hoy entre mensajitos. Otro más llegó, al menos algo real, algo a lo que aferrarse, un lugar, un hora, un momento. Eso era lo que tenía, nada más, un vació se expandió sobre su pecho venido de quién sabe dónde, no le gustó la sensación pero por más que hizo no se la pudo sacar de encima. Las horas pasaron sin siquiera moverla más de un metro del lugar, la noche cayó así como la lluvia sobre su rostro, sin poder hacer nada más se tumbó sobre el colchón ajeno, tan lejano y tan suyo al mismo tiempo y se quedó dormida. Ya llegaría pasado mañana.
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