Oh, Roma, dulce y eterna Roma.
La ciudad del Imperio Romano. Si Cesar la viera en pleno siglo XXI se levantaría de su tumba solo para poder pasar una noche en sus calles. En serio.
Porque la mafia nunca fue ningún misterio o secreto dentro de Roma, y Cassavacchi y Záitsev lo son mucho menos ahora.
Sí, amigo, italianos y rusos son como perros y gatos.
Una guerra se ha llevado a las calles y ahora se lucha por el poder, porque todo se ha vuelto personal. Droga, sexo, dinero. Cualquier excusa es válida para rivalizar y ganar. No importa quién caiga o a quién haya qué cerrarle la boca.
Nativos y extranjeros luchando por Roma, la ciudad que cambia al caer la noche.
¿Y tú? ¿Quién eres en esta guerra? ¿Un socio o un enemigo?
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"...the Earth says Hello."

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"...the Earth says Hello."

Mensaje por Jake Scott el Jue Ene 24, 2013 2:41 pm

- Estúpido fogón. -le dije. Como si fuera a ofenderlo, o algo así.

Subí el equipo de música conectado al pc, y a mi lista de reproducción. Precisamente empieza a sonar Highway to Hell, y, por topicazo que suene, Jake empieza a moverse en la cocina al ritmo de los ACDC. Tortitas, un pedacito de Norteamérica hasta tu boca. Sin embargo, en la encimera siempre hay croissants calientes. Si uno baja a buscarlos. Ese uno era yo mismo, por perder una apuesta con mi adorable y en ocasiones astuta compañera de piso. Miré fugazmente la hora, iban a ser las once. Pensé que igual no era tan malo despertarse pronto por las mañanas. Después me estalló una carcajada en la garganta. Iba vestido con ropa de deporte, que utilizaba para dormir. Seguramente Penny despertaría de la misma manera.
Me chupo un dedo antes de buscar mi cajetilla de tabaco por encima de la mesa de la cocina. Cuando la encuentro, me siento en un taburete y empiezo a comer el delicioso desayuno, sin sirope ni nada, que me quedan muy jugosas. Enciendo el televisor sin apagar la música, porque yo soy así de listo. En la tele dan un programa de esos de zapping, donde pasan una persecución en no sé qué carretera de no sé que estado de Estados Unidos.

- Vaya. Nos toca mañana temática. -miro la cajetilla de cigarrillos, que era Marlboro, recordando ese anuncio del cowboy.

La mañana pintaba bien. En la calle parecía haber algún tipo de mercadillo, junto a un desfile que parecía promulgar la libertad de expresión el periódico. Me gustaba Roma. No era Londres, pero me gustaba Roma, con sus calles, sus italianas, sus gentes, sus italianas, su gastronomía, su historia... bah, a quién pretendo engañar, no he pisado un museo en mi vida, no voy a hacerlo ahora.

- Peeeeeeeennnnnnnnyyyyyyyyyyyyyy...! -grito, sin quitar la vista de la tele- ¡Se te van a enfriar las tortitas!

Me gustaba esa caótica rutina con ella. Ahora nos acostamos, ahora me enfado contigo pero te busco en la ducha, ahora traemos desconocidos a casa, ahora desaparecemos del piso durante días... más el trabajo, la compra y todo eso que hace el común de los mortales, ¿no? Quizá haber huído de Alemania haya sido lo mejor que haya hecho en los últimos años. Y el regalito que me llevaba era bastante... acertado.
De repente, un avance informativo aparece en mitad de la persecución, cancelando momentáneamente el programa. Se habla de un tiroteo en mitad de una estación de metro, y también se habla de que las víctimas podrían pertenecer a las mafias imperantes en la ciudad. Es lo que consigo averigüar gracias a lo poquito que sé de italiano. Trago saliva y me pregunto si alguna vez me tocará bajar ahí. Me pregunto si alguna vez alguno de esos trabajitos que hago para unos y otros me llevará a pie de calle. Intento que mi cabeza se centre, que no piense bobadas. Que no pueden pedirme eso ninguno de los dos bandos, mientras me quieran delante de un monitor.

Suspiro y se me quita el hambre, por momentos.
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¿Cómo sabías que estaba aquí?

Mensaje por Penny L. Trautner el Vie Ene 25, 2013 5:35 pm

El sol sale y se mete siempre por el mismo lugar, no importa en dónde estés siempre será la misma rutina al empezar el día, aunque había que decirlo, desde hace tiempo Penny no conocía muy bien la monotonía. Italia era un universo completamente distinto a Alemania, las personas, los lugares y el clima. ¡Bendito maldito clima! Obligaba a la rubia a vestirse como en primavera incluso a fines de invierno, ¡y además el aire! Quizás esa fuera sólo una exageración por su parte pero tener más proximidad con la costa le daba un algo que sabía la llegaría a sofocar cuando llegara a verano, si es que llegaba a verano.

Italia, su dolor de cabeza y el remedio al mismo tiempo. El irse con K había sido un arrebato guiado por la curiosidad, ni siquiera lo había pensado dos veces antes de subirse al avión. Un acierto del destino, nada la ataba a Alemania así como a ningún lugar, una vez cumplidos los dieciocho años el mundo se presentaba ante ella con un abanico de cartas, todas y cada una más jugosas que la anterior, para que escogiera la que mejor le placiera. Eso había hecho, y quitando las constantes molestias que había supuesto no saber italiano en los primeros días ahora todo parecía ir mejor, hasta había conseguido un trabajo bastante parecido al que tenía en sus últimos meses en Alemania. Vamos, que ir a lo seguro siempre es mejor cuando se está comenzando de nuevo.

El grito resonó en su cabeza tan molesto como el despertador, ¿qué uno no podía tener unas horas tranquilas de sueño? Se tapó la cabeza con la almohada resistiéndose al llamado de la comida, era sólo cuestión del tiempo a que el olor del almuerzo hiciera lo que el grito no había conseguido, de todas formas de no aparecer pronto se estaba firmando un ataque seguro de su compañero de piso o peor, quedarse sin un buen desayuno. Salió de la cama sin preocuparse por recoger las cobijas que se deslizaron hasta el suelo, se retiró el cabello de la cara y se lo aplastó con la palma medio acomodándolo; el sur le daba calor, considerando la época de año lo más razonable es que anduviera con pijamas de franela en su lugar dormía sólo con sus pantaletas y una playera, la de ahora tenía el clásico I (corazón) Italy, que antes de ser ciudadana se había dado una buena vida de turista. Con un bostezo, entró en la cocina.

-Despertar a la gente a gritos es de mala educación-. Lo reprendió en cuanto lo vio tan cómodo mirando la televisión, se acercó a él y le dio un beso en la sien, por el placer de hacerlo y por el poder de hacerlo. -Además, ¿cómo sabías que estaba aquí?-. No era extraño despertarse solo en el piso, no es que los dos tuvieran la buena costumbre de llegar a dormir todas las noches al piso. La rubia se encaminó hacia donde estaba la comida, eligió una tortita al azar antes de meterse casi la mitad a la boca, la comida siempre era uno de los más grandes placeres de la vida.
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Re: "...the Earth says Hello."

Mensaje por Jake Scott el Lun Ene 28, 2013 3:34 pm

Paradójicamente me alegro de ver a la coronilla rubia -y digo "paradójicamente" porque me alegro de verla a ella, no solo de ver su trasero- que asomaba sus piernas por el comedor, tan amable, simpática y dicharachera como siempre. Bromeaba, por las mañanas era demasiado como el resto de los mortales. Debo decir, en su defensa -y en la mía- que me gustaba mucho despeinada. Más, quizá, que con el pelo en su sitio. Me sacó de mi letargo culpable frente a mis hechos, susceptibles todos de dejarme una temporadita entre rejas. Había leído que las cárceles europeas tampoco eran tan despiadadas. Hay que buscar siempre el lado bueno de las cosas. En respuesta al beso, casi de forma automática, palmeo cariñosamente su trasero en lo que se dirige hasta la sartén.

- Me lo dice la que cuando se corre despierta a medio vecindario. -digo, quitando un segundo la vista del televisor. Anuncios.- ¿Tengo que recordarte la visita de la señora Reinaldi? -la vecina del cuarto- Apenas la entendí, pero por su tono de voz, no parecía estar muy contenta. -doy un último mordisco a la tortita y dejo el plato en la mesa- Lo sé precisamente por eso, anoche tus gemidos no me despertaron. A menos que te llevaras a la cama una cita que quisiera dormir abrazadita a ti, supuse que estabas. -río y me levanto a dejar el plato en el fregadero- Eso y que tus llaves estaban en la entrada... ¿por qué llevas ese cliché en forma de camiseta? -hago una mueca.

Doy una calada larga y me subo a la encimera, a mirar como desayuna. Es uno de mis pasatiempos, mirar a la gente comer. A veces, en mis ratos muertos, intento imaginarme a las personalidades comer cosas aparatosas. Al Papa, por ejemplo, tratando de comer un kebab sin perder las formas. O a la Reina de Inglaterra intentando no llenarse de salsa comiendo costillas adobadas. Me descoloco o me coloco el pelo. Lo hago pasando la mano por la cabeza, sin saber si estaba o no peinado. ¿A quién le importa? Follo, follo mucho y soy consciente de que mi pelo no entra en la ecuación.
El teléfono suena antes de que pueda decirle nada más, y la llamada no es una buena noticia. En tres cuartos de hora tengo que acceder a las sedes del banco central y modificar unos protocolos. Nada gordo, solo para sembrar el caos, pero así y todo, es peligroso. Y más porque se trata de joder a una de las dos mafias. Qué bien. Bueno, lo mejor de todo ésto es que ninguno de los implicados me conoce personalmente... aunque me huelo que eso no les resultaría un gran problema a la hora de buscarme y meterme una bala entre los ojos. Eso, y que puedo trabajar desde casa. Cuelgo, con gesto de cansancio.

- Trabajo. -lo camuflo. Claro, ella no tiene ni idea de que mi "trabajo" consiste en lo que consiste. Ni lo entiende ni pregunta, y yo lo agradezco.- Echo de menos cuando al otro lado del teléfono había alguna chica disponible, joder.
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El cuarto de a lado.

Mensaje por Penny L. Trautner el Lun Ene 28, 2013 9:59 pm

Penny meneó la cadera a consecuencia de recibir las nalgaditas, era como un ritual, bien podrían no ser nada y llevarse como verdaderos enemigos un día y ser las personas más amables y dulces otros. Era la conjugación de sus personalidades siempre tirante, de la mejor forma posible, en la que ella tenía las riendas y luego él se las quitaba para perderlas de nuevo, así en un baile donde dirigían y se dejaban guiar al mismo tiempo. Lo mejor de todo era que al final del día, tardase lo que tardase, las cosas siempre regresaban a su lugar sólo para empezar de nuevo.

La rubia se atragantó con la respuesta a su reclamo, esperaba algo más cortés quizás porque la mañana era muy joven para comenzar con las hostilidades pero en lugar de molestarse terminó carcajeándose una vez. -Yo no despierto a medio vecindario-. Siguió riéndose en un intento vago por defenderse, completamente catastrófico por cierto. -Y no te parecía un gran problema cuando era por tu culpa-. Levantó ambas cejas sugerentemente inclinándose desde su asiento en su dirección. -La querida señora Reinaldi lleva mucho tiempo sin que alguien se la meta, por eso estaba molesta-. Le comentó como si la vida sexual de su vecina fuera un tema de dominio público, o mejor dicho, la falta de esa vida. La tortita quién sabe de qué era pero sabía deliciosa, o era que su amigo era un excelente cocinero o que con hambre todo sabe bueno, quién sabe.

Lo siguió con la mirada dejar su plato sucio en el fregadero y luego sentarse sobre la encimera, el orden del apartamento era una de las cosas más contradictorias en la vida de Penny, mientras la ropa podía estar colgando de la lámpara de la sala pero la cocina hasta cierto punto siempre parecía un lugar impoluto, que los alimentos son benditos. Miró su playera para ver si tenía una mancha. -Pues porque estamos en Italia y la compró el griego con el que salí el otro día después de ir a ver la fuente. Un recuerdo de él-. K sabría muy bien el bonito recuerdo que le había dejado antes de marcharse de regreso al Partenón. -Además es mi pijama, déjame en paz-. Le sacó la lengua de forma infantil, ella no le decía nada de sus pantalones deportivos con los cuales iba hasta al banco, y no se lo decía en mayor parte porque le gustaba cómo se le adherían a su trasero.

Antes de poderle decir algo sonó el teléfono, lo dejó hablar sin interrumpirlo que eso lo había aprendido a la dura, medio mundo de su trabajo le hablaba al celular por lo que gritarle ‘te apuras o me visto’ con un cliente del otro lado no era la opción más viable cuando todo iba a la perfección, que las peores peleas surgen de los argumentos más idiotas. -Creo que esas son las consecuencias por meter a vivir a una chica a tu departamento, soy como… el remedio de tu vida llena de libertinaje-. Concluyó solemnemente a las queja del informático, era mitad cierto y mitad mentira pero decirle a tu ligue que vives con alguien del sexo opuesto no funciona tan bien como debería de funcionar. En lugar de que fueran de mente abierta y dijeran ‘perfecto, tengamos un trio’ preferían por cambiar el lugar del encuentro; y asegurarles que K era gay tampoco funcionaba de nada.

-Entonces dime-. Se sacudió las manos y se paró enfrente de él colocándole una mano a cada lado de su cadera sobre la encimera y mirándolo con los ojos entrecerrados, un semblante demasiado serio para ella. -¿Te tocas cuando te despiertan mis gemidos?-. Preguntó contundentemente, de repente le había dado curiosidad saber qué hacía cuando ella estaba ocupada –ruidosamente- en el cuarto de a lado.
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Re: "...the Earth says Hello."

Mensaje por Jake Scott el Mar Ene 29, 2013 2:18 pm

- Pues no voy a ser yo el que la haga el favor a esa anciana. -niego con la cabeza.- Que se busque a alguien, estamos en Roma, que estoy bien seguro de que si París es la ciudad del amor, ésta tiene que ser la del sexo. -cojo algo de café que ya estaba preparado, aunque algo tibio, y bebo directamente del recipiente de cristal de la cafetera- Solo me quejo cuando no es por mi culpa, sabes bien que en la cama es otro asunto... diferente. -sonrío, distraído.

Y es que es verdad. No es la primera vez que lo digo, ni que lo pienso. Tengo treinta años y comparto apartamento con una rubia sexy de 22 -o 21, la verdad es que no me acuerdo- a la que no le desagrada meterse en mi cama... maldita sea, estoy cumpliendo el sueño de un porcentaje mayoritario de hombres. Además, no se trata de una relación seria, por lo que me ahorro todas esas cosas que vienen implícitas, más el plus de promiscuidad, que sigue estando ahí, intacto. Es un chollo, lo mires por donde lo mires.
Me levanto de un salto, acercándome a ella poco a poco y separando, con un movimiento conocido, sus juveniles piernas, donde mi dedo haría círculos sobre... ya se sabe donde. La tela, solo el simple tacto, me erizaba la piel. Sonrío y la miro antes de detenerme, aún quedándome mirándola un buen rato a los ojos sin decir nada. Lo que hacía, lo hacía recordándome esas palabras que le dije en una noche de borrachera. "Si me hubiera dado cuenta antes, podríamos haber acabado juntos." Se ve que mi parte adulta, comprometedora y con ganas de sentar la cabeza, afloraba en cuanto el alcohol hacía mella en mí.

- No sé si el remedio. -comento- Pero desde luego eres un freno bastante efectivo. Aunque desde que estoy en roma las cosas son distintas. A las jovencitas les parezco interesante, no sé si aquí se sigue la cultura de: "Fuera el niñato, arriba el hombre." O algo así. Yo lo llamo el "Efecto Monica Belucci." -me encojo de hombros y le doy un mordisco en el cuello- Estás muy buena. -suspiro- Aquí, en Alemania, en la Luna... hasta en la Mansión PlayBoy estarías entre las destacadas.

Mientras me lavo las manos, me asalta con esa pregunta. No puedo evitar reírme, pero no le voy a conceder que me pone, claro que me pone. ¿Cómo no? Los jadeos y gemidos son una parte muy importante de la excitación, y en mi caso creo que más todavía. A veces, le pido que me susurre al oído, o que sí, que grite a pleno pulmón. Supongo que todos tenemos nuestro fetiche.

- ¿Qué quieres oír? ¿Que sí o que no? A partir de ahí puedes montarte una fantasía, eres muy creativa con eso. -la miro, maliciosamente con una ceja alzada, pero con una sonrisa cruzando mi rostro. Me seco las manos con un trapo de la cocina y salgo de la misma.- ¿Tengo que llevarte a trabajar y meterte mano contra el cristal antes de que entres? -no me gustaban sus compañeros de trabajo. Me da igual con quién se acueste, pero esos tipos...
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Mensaje por Penny L. Trautner el Mar Ene 29, 2013 5:38 pm

La visión que le acaba de poner su amigo en la cabeza era repugnante, perfectamente podía visualizar a K haciéndole… algo, lo clásico si quieres, a la pobre vecina arrugada; seguro tocar su piel era como meter las manos entre las arrugas de un Shar pei, sólo que en lugar de tener ternura por la criatura entre las manos debía de haber lástima. No, en definitiva el informático no le haría ese favorcito a la anciana y si era así –uno nunca sabe a dónde te puede llevar el alcohol- se aseguraría de no volverse a dejar tocar por él al menos en los siguientes mil años. La imagen era suficiente para bajarle la calentura a alguien, a lo mejor le servía de remedio en un futuro, aunque por lo general no deseaba erradicar sus impulsos sexuales sobre alguien de esa patética forma.

-Mejor, o no volverás a tocar estas-. Señaló con el índice sus senos alternamente. -Seguro que sí, el sexo sobre el altar, en el confesionario, contra la puerta del atrio; mira que el escenario es distinto a como me lo imaginaba-. ¿Y cómo no? Parecía que la ciudad sufría de una plaga de iglesias desde el siglo X, tal vez así era, pero ella no estaba tan segura pues la historia jamás había sido uno de sus fuertes. Da lo mismo, el punto es igual, uno no podía juguetear con alguien en un callejón porque alguna de las paredes pertenecía o a una iglesia o a un seminario o a un monasterio o a alguna familia demasiado devota, fanática. Los malos ojos te saltaban por todas partes, y sí lo decía por experiencia, situaciones que asumía con una pícara sonrisa y una escapada rápida. -Mmmm, Jake, bésame ahí… Joder, repítelo más fuerte… Carajo eres un cabrón…-. Imitó desde su asiento algunas cosas que le había dicho algún día o que sólo se le habían ocurrido en ese instante, con un tonito casi real de no ser por ese trasfondo burlón.

La burla y risitas pasaron al silencio sepulcral cuando se acercó a ella, separando sus piernas y recorriendo un camino bastante conocido con la única barrera de sus pantaletas. Los poros de todo el cuerpo se le pusieron de punta en un acto que nada tenía que ver con el clima; estaba hipnotizada por el movimiento de sus dedos que le resultaba imposible dejar de mirarlos, y aún cuando ya había parado siguió mirando su entrepierna, expectante de lo que podía o no suceder; hasta después se dio cuenta de que la miraba a la cara. Esbozó una sonrisa cuando sus pupilas chocaron, el aire se le escapó de golpe de ella.

-K, siempre has sido interesante es que las demás son demasiado estúpidas para notarlo-. Le comenta sinceramente, sin esperar nada a cambio, sólo un simple comentario como los que siempre le suelta. -Ahora que sé que sueñas con hacerme fotos en un traje de conejita rosa-. Le aprieta la nalga derecha en respuesta a su mordisco. -Eso te hace el viejito que se casa con chicas 60 años menores, uff, ya entiendo las arrugas-. Añade jalándole la mejilla más fuerte de lo necesario, sabía del trauma de K con las edad, o a lo mejor no era trauma sólo un tema recurrente en algunas de sus conversaciones y disfrutaba mofándose de eso, la verdad.

Penny se levantó de un salto, alcanzando a abrazarlo a la altura de la cintura por la espalda antes de que lograra salir por completo de la cocina, coordino sus pasos con los de él y se dejó guiar a donde quiera que fuese. -Quiero que me digas que haces cuando estás del otro lado de la pared-. Deposita la pregunta en su oído, quedamente, como si de una confidencialidad se tratara y cualquiera pudiera escucharlo. -Las fantasías se cumplen si las compartes y me gustan-. Lo incitó un poco más apretando ligeramente el amarre de su abrazo. -Aún no, puedes meterme mano mientras trabajas pero no creo que puedas, no me gusta compartir con la computadora-. Remató sus palabras con una mordida sobre el hombro del chico. -Además no tienes que llevarme, está cerca y te prometo que no me pierdo-. Penny no entendía ese desdén que tenía K hacia su trabajo, si no era nada que no hubiera hecho antes, a lo mejor la altura le afectaba.
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Re: "...the Earth says Hello."

Mensaje por Jake Scott el Miér Ene 30, 2013 12:43 am

- Uh sí, muévelas para mí, nena. -bromeé también sobre su pecho, ya en proceso de alejarme de su sexual influencia- Y deja de hablar en ese tonito o me veré obligado a follarte desde primera hora de la mañana. Que aunque sea muy muy sano, me he quedado sin condones.

Lo de las fotos no me lo había planteado, pero la idea adquiere fuerza en mí, y se queda marcada en mi cabeza, igual que sus dedos, sus uñas se habrían quedado marcadas en mi trasero. Camino llevando un peso, mientras sonrío, mientras paso mis manos sobre las suyas, no tan cariñosamente como parece, sino más bien por ser costumbrista. ¿He hablado ya de una deliciosa y variada rutina? Rituales, todo se componía de rituales, más bien.
Su voz en mi oído salpica como una gota fría dentro de mí. Sin yo quererlo, me estremezco, asumiendo que por la mañana mi guardia estaría baja, normalmente no me muestro débil, no permito que me gane, nunca. En parte porque me gusta ganar, en parte porque ella sabe que me vuelve loco, no tengo que manifestarlo 24/7. Reí y me detuve en mitad del salón, volviéndome a ella al escuchar la parte de las fantasías. Nunca olvidaré -lamentablemente- el día que entró en mi habitación suplicándome que nos lo montáramos sobre la moto, en mitad del parque. Debo decir que me negué por comodidad, no por falta de ganas.

- ¿Compartir mis fantasías? Oh, venga ya, tú eres capaz de meterte en mi habitación con el individuo de turno y pedirnos un trío. -niego con la cabeza. Oh, mierda, me he dejado el cigarrillo encendido en la cocina- Y mi respuesta seguirá siendo no. Si traes una chica ya nos sentaremos a negociar.

Me doy la vuelta, en dirección a mi cuarto, donde estaba mi zona de... recreo. Se puede llamar así. Pronto, y depende de los trabajos que hubiera y de lo bien que fueran, acabaría por pedirle a Penny si quería mudarse a un sitio más grande, con despacho o sandeces de esas que sirven para que uno tenga su espacio propio y todas esas basuras que te cuentan en el canal Hogar.

- ¿Con el ordenador no puedes compartirme pero con las demás sí? Que decepción tan grande, LilyPenn. -río, antes de abrir la puerta.- Vamos a hacer un trato. -doy un salto hasta mi cama, quedando recostado boca arriba después de remolonear- Yo te cuento lo que hago los días que te diviertes sin mí, y tú me cuentas qué historias le cuentas a tu compañera de trabajo -la única fémina- cuando te pregunta que por qué vives con un chico... -hago una pausa- ...no, deja que reformule mi cuestión... Qué te dice ella cuando le dices que no somos pareja ni nada parecido.

Historias para abrir boca por la mañana. En realidad el trabajo no era urgente y podía hacerlo en dos patadas, así que mientras, podía ver a mi encantadora jovencita -y digo mi porque poseo un gran porcentaje de su tiempo- narrarme cosas sobre la italianita con la que compartía turno esa misma tarde. Ciara, creo que se llamaba. Tenía unas buenas tetas, me pregunto por qué todavía no he hecho nada por conocerla. Debe ser que aún no hablo italiano tan bien.
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Regalos e historias matutinas

Mensaje por Penny L. Trautner el Miér Ene 30, 2013 5:09 am

Las compras del hogar siempre se limitaban a lo mismo, unos panes de croissants (bastantes y frescos), leche, unos cuantos sixs de cervezas, un par de cajas de cereal, papel de baño, jabón, algunos artículos de limpieza y condones; siempre había que tener protección porque no se sabe cuándo se van a necesitar. Lo que la rubia no entendía cómo era que se desvanecían tan rápido, incluso más rápido que los alimentos favoritos de los dos; vale, no es que lo desconociera del todo, hasta cierto punto uno respondía a las necesidades del otro aunque quedaba el echo de que también se usaban algunos de ésos con sus intermitentes citas. ¿Qué? Las chicas también podían llevar condones masculinos, ellos no son los únicos que follan por el placer de hacerlo. -Detesto cuando eso pasa, que no se repita que me gusta el sexo por la mañana-. Y por la tarde, y por la noche, y a la hora que fuera; aunque esa excusa sonaba bien para echarle en cara tener que aguantarse las ganas a horas tan tempranas del día.

El estremecimiento en el cuerpo de K atravesó las telas de su ropa hasta sentirlo como propio; a su espalda, sonrió. Le gustaba causarle eso, hacer como que nada pasaba cuando a cada una de sus palabras le despertaba alguna fibra distinta del cuerpo, él se reprimía, algunas veces lo notaba y otras no, pero la cercanía entre ambos le rebelaba cosas que se callaba con la boca. El informático se volvió frente a ella a lo cual respondió con una enorme sonrisa, inocente, eso de pretender que no sabía nada de nada aunque fuera contrario le salía por acto reflejo. Casi nadie se resistía a esa expresión que le quitaba un par de años de encima.

La rubia llevó las manos a la espalda y comenzó a balancearse sobre las puntas de los pies y luego sobre los talones repetidas veces sin despegar la mirada del rostro de su amigo. -Ahora ya sé que no debo de proponerte eso-. En todo su tiempo viviendo juntos jamás se habían montado un trío, disfrutaban de ambos y de otras personas a distintos compases. -Te traeré una chica, que no sea prostituta, será mi regalo de San Valentín, ¿te gusta la idea?-. Propuso sin pensarlo, Penny adoraba de un modo muy extraño todas esas fiestas establecidas por convenciones sociales; desde el día de la independencia hasta Navidad, no era creyente de todas y a lo mucho se iba sólo por la parte superficial de las festividades: salir a beber, follarse gente o dar/recibir regalos, no precisamente en ese orden. Le encantaba tener un pretexto por el cual hacer algunas cosas, así nadie la cuestionaba y la dejaban ser feliz. Razón suficiente por la cual le había comprado a K una serie de discos duros decorados con los logotipos de distintos superhéroes nada más porque le parecían muy adecuados para él.

-Es el acuerdo que tenemos-. Se encogió de hombros, resultaba irónico la forma en que humanizaba las cosas y cosificaba a los humanos. Penny no consideraba a las demás chicas que follaban con K como tales, no es que no fueran humanas, sino que hasta cierto punto lo dejaba hacer con ellas tanto como él le dejaba hacer con las demás personas. Después de satisfechos los deseos carnales siempre volvían a encontrarse, a beber cerveza y pretender que miraban televisión; cada uno tenía la libertad de irse cuando quisiera con una tácita promesa de volver. Y aunque tuviera que escuchar sus penas de amores cuando se encaprichaba con una chica, ahí estaba. ¿Qué se le hace? Era su mejor amigo. -Y sé que puedo ganarle a cualquiera de las chicas con las que estés, pero contra esa cosa. Te abstraes cuando trabajas que ni me haces caso-. Le recriminó con un puchero.

Lo siguió hasta su habitación, la sentía tan suya que conocía el lugar de cada cosa; una vez le había escondido varios animales de goma en toda su ropa con motivo de la fiesta de Halloween, por una semana se encontró arañas hasta en sus calcetines. -Me parece un trato justo-. Concedió a K tirándose sobre la cama boca abajo, se estiró un momento en un gesto similar al de los gatos –Gato ya le había pegado sus malas costumbres, maulló saliendo de la habitación- antes de hacerse con la almohada de su amigo y acomodarla bajo su mejilla derecha. El olor propio de Jake estaba mezclado con un toque de nicotina, ese que siempre acompañaba a su propietario sin llegar a sofocar la nariz a causa del vicio. -Me dice que alguno de los dos ha de ser gay, porque vivir juntos y no ser más que amigos es la cosa más extraña que ha escuchado, que eso sólo pasa cuando tienen una relación de otra… naturaleza-. Le explicó como si nada, su personalidad delataba que si no iba de chico en chico o chica en chica al menos sí tenía una vida sexual bastante activa pero hasta ahí es donde permitía a las demás personas saber, lo que pasara entre K, las sábanas y ella se quedaba en casa; no lo comentaba a nadie porque hasta cierto punto lo sentía como algo suyo, nadie iba a arrebatárselo. -Aunque no te preocupes, le dije que cuando quisiera podíamos chocar nuestros cocos y no me dijo que no-. Se rio un poco, Ciara era una chica tan atractiva como lo solicitaba el puesto, los ojos de Penny habían echo su trabajo y su compañera no se había negado del todo, quizás fuera mera curiosidad pero la puerta estaba entre abierta. -Te toca-. Ahora llegaba la parte interesante de la historia.
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Re: "...the Earth says Hello."

Mensaje por Jake Scott el Miér Ene 30, 2013 2:16 pm

- ¿Un regalo de San Valentín? -miro al techo, complacido. El ventilador me devuelve la mirada.- Uhm... suena serio.¿Hay algo que quieras decirme? -bromeo con una sonrisa.- Aunque me gusta que hayas puntualizado lo de "no prostituta", pensé que ibas a traerme material de segunda mano. -río, pero ante el siguiente comentario me veo obligado a tomar su desafío. Soy así, amigos y amigas- ¿Puedes... puedes ganar a cualquiera de las que pasan por aquí? -señalo la cama, con una ceja alzada- Tengo que quitarte esas ínfulas, preciosa.

Pero sí, a ella es complicado superarla. Ya sea porque me conoce muy bien en la cama, y sabe lo que me gusta y lo que no, siempre sabe darle a la tecla acertada. Lo que pasa es que me encanta picarla, pinchar su ego, que si bien no es tan grande como el mío -o como pretendo que sea- también está ahí. Además, así no se relaja, ¿no? Mato dos pájaros de un tiro. Para que vea que no voy tan en serio como parece, acaricio un mechón de su pelo con los dedos, cariñosamente. A veces, a veces puedo ser cariñoso de esa forma con ella.
No puedo evitar reconocerme por dentro que es preciosa. Y ya sé que ya se lo he dicho, pero la forma en que yo la veo dentro de mi propia cabeza torna más realidad. Cuando la oigo hablar, reír. ¿Si estoy enamorado de ella? Sí, creo que sí, pero no de la forma tradicional. Me enamoré de su forma de ser cuando está conmigo, de sus gestos y actos. De sus palabras y de su risa, sí. Pero no estoy enamorado de ella. No como chica. No como pareja o compañera sentimental. Y por el bien de ambos, sobretodo por el bien de ambos, tiene que ser así. Aunque cada noche nuestros ojos choquen, preguntándose cosas en silencio, en la oscuridad, entre besos y mordiscos.

Escucho sus palabras acerca de Ciara, y por suerte, esa peligrosa atención que había volcado sobre Penny, se vuelve hacia la italiana. Una italiana que habla de homosexualidad, o algo similar, y que con Penny no se equivoca mucho. Río con ganas cuando hace el comentario de los cocos.

- Algo de nosotros ya sabe, no se ha equivocado mucho. Seguro que con tus insinuaciones cree que tú eres más de la otra acera que de la mía. O al menos que no te importa ir variando. -iba a buscar un cigarrillo, pero lo dejo para más tarde- Seguiré el curso online de italiano y veré como puedo adaptarlo a mi forma de ligar. -comento, distraído. Es verdad que "me toca", pero ella cree que hay más de lo que hay realmente. Me acerco ésta vez hasta su oído.- Me pongo tapones y... duermo. -bajo hasta sus labios, con una sonrisa.

Y la beso. La beso porque puedo hacerlo, porque me gusta, porque puedo permitirme enroscarme en su piel, bajo y sobre las sábanas, pasar las manos por su nuca, acercando sus labios cada vez más a los míos. Clavar nuestras miradas cerradas en el otro, hacer que nuestras lenguas mantengan una batalla encarnizada por hacer que los poros del otro estallen en un frenesí vibrante de ganas de pasarse la eternidad entre jadeos. Porque a veces no hace falta follar para demostrarse ciertas cosas. Detengo el beso un instante, porque un impulso inconsciente de mi entrepierna me obliga.

- Vaya. La tienda de campaña se ha montado sola. -y no es el momento. Era un instante que pretendía ser simplemente apasionado.
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Me porto bien

Mensaje por Penny L. Trautner el Miér Ene 30, 2013 10:46 pm

Serio, serio, serio. Una palabra casi desconocida para la rubia de cabellera alborotada, la única forma en que lograba poner los pies en la tierra era cuando se referían al trabajo, que el dinero no cae del cielo y no le gusta la estabilidad económica. Fuera de eso el mundo pasaba frente a sus pupilas azules tan libre como el viento, tan ligero y agradable, en nada molesto. Hasta el día de hoy no conocía la factura de la vida, se la pasaba bomba con cualquiera que estuviera dispuesto a seguirle el paso, una vida son consecuencias o reglas; se ocupaba de lo suyo y dejaba lo demás fluir, sin problema que la amargara fuera de las pequeñas discusiones que se buscaba día a día para no caer en la monotonía. -Es la fiesta más cercana que no incluye ir a la iglesia-. Estar en Roma la afectaba un poco o era que aún no superaba su fase 'iglesia' por lo cual no paraba de hacer referencias a ella de una u otra forma, usualmente en tono de burla. -Quiero decirte que eres el mejor amigo del mundo y por eso nos armaremos un trío ese día-. Al caño el romanticismo, que ese idioma no se habla cuando lo único que quieres es tirarte a alguien. Sería un día de San Valentín fuera de los cliches, nada de citas, ni cenas, ni citas con gente desesperada. -Tanto tiempo y aún crees que traigo cosas de segunda mano.- Negó con expresión dolida, estaba bien que se metiera con muchos pero no con cualquiera, que están juntos pero no revueltos.

-Por supuesto, te conozco, y a no ser una mujer en medio de una crisis con la que te encapriches no suponen nada-. Mientras Penny se iba por lo más simple a K parecían agradarle las mujeres con algún tipo de dificultad, problemas con su madre, en pleno divorcio o con demasidas ganas de compromiso, por eso decían que las mujeres eran complicadas. -Sabes que es cierto-. Contraatacó porque sí, porque ser sumisa y agachar la cabeza no era lo suyo, y tampoco era divertido. La caricia sobre su cabello podría funcionar como una canción de cuna, de seguir así la tendría durmiendo prontamente que el olor de la comida despierta pero una vez ingerida está el sopor de querer tirarse en el sofá a echarse una siesta.

Penny lo mira reír, se siente cómoda con él porque es una persona sin complejos, bien le puede hablar de su bilateral sexualidad sin llegar a recibir críticas o malas caras. -¿qué le hago? Me gustan las vaginas húmedas y los senos grandes-. Admitió como si no pudiera contra eso, no podía ni quería, le gustaban las personas sin importar el género. -Eso te funcionará bien, ser extranjero tiene muchas ventajas, aumenta el sex-appel-. Garantizado y comprobado, infalible para la rubia, su lengua natal nunca le había dado tantos ligues con es facilidad. Lo ej acercarse, la curiosidad la consumía por dentro, al final sólo quería una imagen de K haciéndose cosas él solo, resultaba extraño porque siempre había alguien dispuesto a ayudarlo con eso. Y de repente lo que se había imaginado no existía, sus palabras le dejaban un mal sabor de boca cargado de decepción. iTe estás volviendo aburrido!-. Le dijo empujándolo por la cara. Esperaba algo más creativo que unos tapones para los oídos.

Recibió el beso con los brazos abiertos, saboreando el conocido tacto de su lengua contra la suya mientras cada uno trazaba su camino por los rincones ya bien conocidos. Entrelazó los dedos de su mano más próxima en el rebelde cabello de su amigo, a veces claro, a veces oscuro, tironeándolos un poco. La rubia se portó bien, mantuvo la distancia de sus cuerpos, evitando cualquier roce que no fuera el de sus labios o el de sus dedos entre sus mechones; era un pequeño incidente que se había quedado en su cabeza como un foquito rojo, a lo mejor por eso se necesitaban más condones en la casa; ella era cuidadosa con eso y él también, ninguno de los dos quería una sorpresa por andar en encuentros sexuales media vida. Penny estaba segura de que existían dos cosas por las cuales se distanciaran, y ninguna de ellas tenía que ver con una pareja sentimental. La primera es que decidieran intentar ser una pareja y la cosas no salieran bien, las típicas historias de ‘no eres tú, eres yo’, lo cual sería un final algo patético; y la otra, toda una tragedia, es que quedara embarazada de él, no creía eso de que los amigos podían tener hijos y seguir siendo amigos. Drama por doquier.

Lo que había estado evitando pasó sin más, se separo de él sólo lo suficiente para poder ver la ‘tienda de campaña’ espontanea. Se rió y le hizo un pat, pat por la palma de la mano sobre el punto más alto de su erección. -Y ahora no me eches la culpa, creo que tendrás que ir a descargar solo a tu amigo-. Se burló del mal que le acontecía a K en ese momento, en parte porque le parecía gracioso y en parte para ocultar las ganas que le habían llegado tras esa visión de ayudarlo con su problemita. Hoy él no, al menos ahora no.
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Re: "...the Earth says Hello."

Mensaje por Jake Scott el Vie Feb 01, 2013 2:22 am

- No la toques y además digas que no te eche la culpa. -sonreí, dándole otro beso. Debería vestirme. Ese impulso recorre mi cabeza, porque tengo que distraerme y bajar esa erección que me obligaría a hacer cosas de las que después me acabaría arrepintiendo.- Quedamos entonces en un trío para el 14. No me la traigas rubia, ¿vale? Es mi único requisito. Eso y que sea mayor de edad.

Me levanté, buscando en mi armario. En el caos organizado que ahí se mascaba, saqué una camisa azul claro y un pantalón negro. Demasiado formal... por lo que saqué una camiseta amarilla de manga corta, que llevaría bajo la camisa desabrochada y arremangada. Hay que crear estilo. Me senté en el escritorio mientras le iba lanzando a la cara la ropa que me iba quitando. Era un streaptease vago. Tendría que darme una ducha, también.

- Me siento preguntón ésta mañana. -y siempre, ¿a quién pretendo engañar?- ¿Me imaginas siendo padre? -me bajé del mueble en boxers a mirarme al espejo del pasillo- Quiero decir, llevando un carrito por el parque, dando un biberón... ese rollo. -comenté, distraído.- Antes de que preguntes, lo pensaba anoche, cuando volvía a casa. Me acordé de Hell, de Sabine... sobretodo de Sabine. -todo ésto lo comentaba mientras trataba de ponerme el pantalón, sentado en la moqueta del pasillo- Creo que si no hubiera pasado todo lo que pasó, hubiera acabado con ella, seriamente. Una casa, bebés... bueno, ya sabes, todo eso que tiene la gente, joder. -río y me pongo de pie- ¿Crees que hubiera salido bien? Alguien como yo... sentando la cabeza a ese nivel.

La respuesta la sabía. La sabía yo, y si me hubiera preguntado a mí mismo hubiera dicho que no, que ni de coña. No porque fuera a ser un mal padre, que tal vez sí o tal vez no, eso depende de muchas cosas, sino porque no se entrevée esa madurez que debería transmitir alguien que tiene que encargarse de algo tan delicado y necesitado de cuidados como un bebé. Un bebé, maldita sea, una máquina de cagar, llorar, comer y dormir incansable. A veces me veía a mí mismo con 70 años sentado en un balancín, bajo la sombra de un porche en mitad de un campo. En mi casa, alejada de cualquier cosa. Observaría todas las mañanas el mismo árbol hasta que me acabara muriendo de aburrimiento.
Lo evidente de esa visión es que estaría solo. Porque si bien es cierto que uno con 30 años no es un anciano, la verdad es que se presupone que debería de existir algo para empezar a escribir una historia que tenga ese final. De momento, era un treinteañero que vivía con una jovencita. Que se pasaba el día trabajando, viendo películas, y follándose a incautas más o menos interesantes. Me preguntaba contínuamente por Will. Que estaría haciendo, con quién. El mayor error lo cometí dejándola. Lo sé. Pero no puedo dejar que eso me condicione. No puedo dejar que controle mi día a día. Me cambió el gesto, momentáneamente. Mirándome al espejo, ya vestido.

Silencio.
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Por donde tú yo fui antes.

Mensaje por Penny L. Trautner el Vie Feb 01, 2013 2:02 pm

La rubia siguió riendo, era lo más gracioso que le había pasado en toda la mañana, para ella porque para K seguro no lo era tanto. -Ahora que no la toque, ¿quién te entiende?-. Le recriminó como si todo aquello tuviera sentido, la verdad es que no lo tenía tanto. -Soy inocente de que te encienda con sólo un beso, a la próxima será sólo con la mirada-. Añadió poniéndole una mirada muy sensual a ver si con eso se afirmaba su erección, de nuevo nada más para molestarlo un poco porque podía y quería hacerlo. Que por sexo jamás se habían peleado, creía. -Rubia no porque esa soy yo-. Y era única, no se iba a poner a competir con otra por el color del cabello cuando se confundieran los nombres de las féminas en la cama. Si había una ofensa más grande que olvidar a Trautner era confundirla con alguien más, eso sí la ponía de malas.

Intentó retenerlo en la cama, no quería que se levantara y mucho menos que se vistiera. Pareciera que era algo relacionado con sus deseos más viscerales pero iba más allá, era como el primer toque de salida, tenían que prepararse, ella para ir al trabajo y él ¿para sentarse frente al ordenador? Bueno, cada quien sus manías laborales, seguía siendo temprano como para pensar en irse al trabajo o siquiera prepararse para él, prefería quedarse en cama mirando el techo un rato más y eso es lo que iba a hacer, al menos hasta que comenzaran a empujarla a la salida. Penny se quedó tumbada, observando cómo se quitaba las prendas y se ponía unas limpias, algo serio para él si le pedía su opinión.

Fue como si sus pensamientos se materializaran, si había algo casi prohibido entre ellos era justo todo lo referente a los bebés, de haber sido ella quien formulara la pregunta le hubiera caído una tormenta encima, eso sólo se pregunta cuando uno está a punto de dar la mala noticia de que el preservativo no funcionó. Así que nada más había un camino, si ella no estaba embarazada y él le preguntaba por eso entonces… su lógica falló y menos mal que casi estaba a punto de gritarle que ni de broma se traía a la hormonada madre a vivir con ellos. Lo sintió cerca. Ahora con los nervios más tranquilos se concentró en lo que le estaba preguntando de verdad.

-Primero que nada, sí te imagino de padre, como de esos medio rockstars que enseñan a sus hijos la buena música desde que tienen cinco-. Respondió después de un momento de pausa, no ahora por supuesto, pero sí veía a su amigo con algún tipo de críos demasiado buena onda para ser unos niños. -Y segundo, que asco con eso, acabamos de desayunar-. Jake bien conocía la poca estima que Penny siempre le había tenido a esa mujer, y es que tenía algo que la hacía bastante desagradable para alguien que por lo general adoraba el contacto con la gente. -En lo absoluto hubieras terminado con ella, era demasiado asfixiante para ti, tan controladora y ‘misteriosa’-. Enmarcó las comillas como los dedos y tono burlón. -Si eres misteriosa no lo dices, sólo lo demuestras. Además como que le faltaba clase para lo que decía que era; era la persona menos sincera de la vida y ni tan buena en la cama era-. El comentario le salió casi sin pensarlo, es más, casi había olvidado el recuerdo de no ser porque ahora se los estaban avivando. Había sido ese día en el que se encontró a Lysander con la mucha sobre sus piernas, casi acaba de llegar y ni su nombre supo hasta que todo terminó; había creído gracioso interrumpirlos con un cubetazo de agua fría, el agua los empapó y una cosa llevó a la otra. Era el único trio con Lysander en el que se incluían dos chicas, ¡claro! Por eso lo recordaba. Había estado callada por bastante tiempo, más de lo usual, así que compuso una sonrisa inocente, nunca se lo había dicho porque no era tan importante, al menos para ella. -Así que se hubieran hartado y ¡bang! Un segundo divorcio-. Volvió a su historia inicial. Ya podía escuchar las palabras venírsele encima, si tenía suerte K lo dejaría estar pero ambos sabían lo tercos que podían ser.
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Re: "...the Earth says Hello."

Mensaje por Jake Scott el Lun Feb 04, 2013 3:08 am

Ella me anima, de alguna manera. Lo consigue, con sus bromas, su tono juvenil y esa parte que le confiere su edad, esa capacidad para no darle demasiada importancia a nada. Yo tampoco le daba importancia a casi nada, pero estaba llegando a un tramo de mi vida en el cual si no das importancia a las cosas, las cosas empiezan a interesarse por ti. Eso es peligroso en el sentido de: si eres tú el que se interesa por lo que te rodea, puedes tomar tú las riendas, y ir a tu ritmo. Si es al revés, es la sensación de tener una fila de personas que te empujan mientras tú estás más ocupado actualizando tu perfil en twitter.
Pero como he dicho, me anima, y si mi rostro estaba desencajado como un cuadro de Picasso, con su verborrea consiguió que al volver a entrar en el cuarto, las cosas fueran un pelín diferentes. Me senté en mi silla de oficina de 120€ (porque si te vas a pasar 12 horas sentado, tienes que estar bien sentado.) y me volví, mirándola con una media sonrisa, las manos en los bolsillos.

- ¿Desde los cinco? Pondría auriculares al bombo de mi mujer. -reí con ganas durante un rato, imaginando una gran barriga redonda con unos auriculares muy grandes- Joder, tengo que dibujar eso, photoshopearlo, o lo que sea. -termina de reír y alza el dedo- No, no te metas con ella. ¡Nos mandó una felicitación navideña! -es verdad, seguía ahí, junto al televisor. En febrero... igual habría que quitarla ya.- Creo que ahora sale con un médico. Pero no estoy demasiado seguro, si te soy sincero. Hace meses que no hablo con ella. -me encogí de hombros y la escuché mientras seguía hablando- No sabía que te hubieras acostado con Sabine. -alcé una ceja- O sea... -sonreí- ¿...la pones a parir y también te la has tirado? Eres increíble.

Reí. Reí mucho esa mañana. Y me venía bien, porque mis despertares solían ser fatales. Habría logrado superar mi insomnio, pese a todo. "Se hubiese hartado." Pensé mucho esa frase antes de por fin encender mi segundo cigarrillo de la mañana. Caminé hasta la ventana, desde donde se veía un McDonald's. No una pizzería o un restaurante de pasta fresca. Un McDonald's.
Me acordé de Will, por alguna razón. No podía evitarlo, nunca podría. Moriría con su imagen en mi cabeza, como un boxeador tiene la foto de su enemigo colgada de la pared. Estará para siempre, para bien o para mal. Pese a que acabó con mi psicólogo. Pese a que seguramente ahora tendrá críos, o perros. O las dos cosas. Sí, probablemente las dos cosas, porque a Will le encantaban los perros. Suspiré y sentí ganas momentáneas -durante un largo segundo- de romperme la mano contra el cristal. Sin mirarla, perdiendo mi vista a través de la ventana y de los confines de Roma, lo acabé diciendo.

- ¿Y con Will? ¿Me veías con Will? -en mi antiguo apartamento, en el ordenador, aún tenía fotos. Y seguro que en el Prusia la vió alguna vez. Sobra decir que conoce la historia.
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Cierre de capítulos

Mensaje por Penny L. Trautner el Lun Feb 04, 2013 5:34 am

Penny rió con él, por lo que fuera, no le gustaba que se pusiera tan serio, al menos no con ese tipo de cosas. Serio con el trabajo o con los croissants que debían de prepararse por la mañana pero no serio sobre las mujeres que habían estado en su vida con las cuales había tenido una oportunidad de sentar cabeza y ahora no lo estaban. Cada vez que él se ponía a hablar sobre esas cosas un sinsabor invadía la boca de la rubia, ella nunca se lo había dicho porque lo estimaba lo suficiente como tirárselo de frente –al menos algo de tacto tenía-, era como si siguiera viviendo en el pasado, con tantas preguntas en la cabeza uno terminaba haciendo un ancla en su propia vida que le impedía seguir adelante. Esa era la única razón por la cual se aguantaba las conversaciones tensas y le respondía con sinceridad, quizás en el fondo esperaba que con alguna de esas charlas él lograra cerrar esos capítulos inconclusos en su vida y dejara de obstinarse en seguirlos abriendo y recordándolos a cada paso, en cada color y cada forma. No es que se debiera de olvidar por completo de las mujeres en cuestión, sino más bien que aceptara que ya estaban en una época pasada, que si estaban ahí era por algo y dejara de atormentarse. Tanto tiempo compartido con él que resultaba tonto no haberse dado cuenta del gesto que le cruzaba la cara cada que se ponía en ese mood melancólico o nostálgico, al fin y al cabo es el precio del recuerdo, pero no se puede vivir siempre con esa sensación de motor de vida.

-Vale, en lugar de hacer a tus bebés más listos como Mozart, serían un desmadre con AC/DC-. De repente no se le antojaba estar en los zapatos de los bebés, que en lugar de llorar a la hora del parto darían su mejor headbanging para demostrarle al médico que estaban vivos y sanos. Mala idea haber puesto esa imagen en la cabeza de K, con que se quedara en la computadora todo estaría bien, nada más que no le entrara la fiebre de la impresión o tendrían esa hoja rodando por toda la casa como si fuera Gato.

Penny negó con la cabeza, mantener conexión con las personas del pasado que nada más habían causado daño o problemas no era la mejor resolución. Aunque lo decía la chica capaz de cortar con todos los lazos de su vida y empezar de cero sin muchos problemas, estaba acostumbrada a pertenecer y no pertenecer al mismo tiempo; quizás por eso se le facilitaba todo eso de abandonar y adaptarse. -¿Nos mandó? Yo creía que sólo tenía tu nombre-. La verdad es que le había prestado poca atención a la felicitación, no la iba a devolver con una canasta de dulces ni mucho menos tenía los mejores deseos para ella. Simplemente le era indiferente y prefería que así siguiera siendo. -Esperemos que le cure los problemas de la cabeza-. Añadió, a veces le salía lo borde con las personas pero si no lo evitaba cuando estaba frente a ellas mucho menos en presencia de la persona a la que le tenía más confianza en el mundo. -Me acabo de acordar, era en la época en la que no podía sacarle las manos a Lysander-. Y él había sido la razón, que de buenas a primeras seguro se las pensaba dos veces antes de meterse con una mujer tan problemática y poco agradable.

La alemana terminó por levantarse de la cama, tanta charla había terminado despertándola. Volvió a acomodarse el cabello en lo que meditaba su siguiente repuesta, Will era un tema complicado sobre todo porque conocer la historia de voces no era lo mismo que haberla visto, eso dificultaba un poco la opinión de la rubia y sólo le conocía de pasada, uno o dos cruces en el Prusia. -No te diré que estuvo… bueno, pero si no funcionó antes tampoco creo que fuera a funcionar si se reconciliaban. No sé, ella te hubiera moldeado a la forma en que suponía deberías ser y no en quién eres y al final hubieran explotado-. Intentó explicarse lo mejor que pudo, Penny era la peor persona a la cual le podían preguntar de cosas amorosas y relaciones estables; la última vez había terminado con una novia heterosexual y un susto de embarazo al mismo tiempo. Lo más que llegaba a hacer era ofrecerle un punto de vista distinto, ya dependía de él si lo tomaba o no. -Además era muy seria, ¿no? Digo, está bien que sea inteligente y demás pero a veces tenía que relajarse, ¿o era sólo cosa mía que siempre se veía muy rígida?-. Esa era la sensación que ella le transmitía, nada de hipócrita, insensible o pedante, sólo rígida. La cabeza de la rubia era incapaz de empatar la imagen de alguien tan versátil en el trato diario con la gente como K con una mujer que apenas sonreía a los desconocidos, ni siquiera por amabilidad.
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Re: "...the Earth says Hello."

Mensaje por Jake Scott el Miér Feb 06, 2013 3:07 pm

El momento de desconexión que me brindaba la risa pasó rápidamente. Demasiado rápido, como todo lo bueno. Si juntaba todo el tiempo real que me había pasado entre las piernas de cualquier mujer, y el tiempo que había estado pensando, comiéndome la cabeza en mis noches de insomnio... creo que el tiempo del sexo ganaba, sí, pero por muy poco. ¿No es eso triste? No está equilibrado. A lo mejor yo soy un quejica para un tipo que folla tanto, pero nadie entiende el trasfondo de sentirse vacío por dentro. De fingir. Me pregunté si mi estado natural era aquel. El de un tipo despeinado y taciturno, mirando a la ventana esperando que un meteorito engulla la ciudad con él dentro.
Gato hizo una aparición estelar, para recordarme que estaba vivo. Era un bastardo malnacido, pero creo que me quería, a su propia manera. Si me veía, si me sentía mal, se paseaba por mis piernas, justo antes de colocarse frente a mí, a mirarme con sus ojos felinos, interrogantes. Ladeaba la cabeza preguntándose su propio "¿Por qué?" Me hacía sonreír. Porque a él no le podría nunca explicarle nada de nadie. Al no poder, me olvidaba, y lo dejaba pasar. Pero siempre volvía. Siempre. Acabé por acariciar la cabeza del animal. Acabé por cerrar el baúl polvoriento y sin fondo de mi cabeza.

- Es curioso que me digas eso, Penny. -la miro, dando la espalda a la ventana.- Porque no lo sabes todo de mí. -sonríe, y la tristeza poco a poco resbala del rostro, saliendo por sus zapatos y volviendo a esconderse, a acechar.- Pero da igual. Gracias, si no estuvieras aquí acabaría ahorcándome en el baño.

Es la verdad. Quizá no ahorcarme en el baño, que parece doloroso... pero bueno, ya me entendéis. No, no me suicidaría, pero sí que las cosas cambiarían bastante. Tenía esos días, días en los que era un maldito fracasado. Días en los que no valía la pena alzar la vista y seguir caminando. La verdad eran los que menos. Porque después había días mágicos. Días donde nada importaba nada y podía dejar todo atrás. En los que sentía que podía comerme el mundo con calma, cuchillo y tenedor.
Ella tenía mucho que ver. La miré, enredada en mis sábanas, joven, llena de vida, con sus mejillas sonrosadas, sus cascadas de oro puro contorneando una silueta deliciosa, solo al alcance de los que supieran disfrutarla. Me acerqué a besar su frente. Lo hice un buen rato, para sentirla cerca. Sin tener que abrazarla ni verme obligado a decírselo. Solo sentirla conmigo unos segundos en silencio. Un chute de tranquilidad directo a mi sistema nervioso.

- Gracias. -me separo y la miro.- Tengo que irme. No a trabajar a... despejarme. -me acerco a la puerta y vuelvo, a sentarme en el escritorio- Pero antes hagamos la lista de la compra. -cojo papel, y lápiz. Sí, porque tengo juguetitos tecnológicos, pero ciertas cosas no cambian- Condo...nes. -anoto- ¿Qué más? -me vuelvo, sonriente.
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Los tuyos, los míos y los nuestros

Mensaje por Penny L. Trautner el Sáb Feb 09, 2013 6:33 am

Ahí estaba de nuevo, era un velo gris que lograba enturbiar el azul de sus ojos, ese momento que precedía al que llevaría su mente de viaje por quién-sabe-dónde y terminaría regresándolo unos momentos más tarde después de una pausa notoria. Penny no mencionaba nada, la mayor parte del tiempo, eran cosas de K que seguramente no llegaría a entender nunca del todo y sin embargo lo escucharía gustosa, y lo escucharía porque tampoco es que él fuera muy abierto respecto al tema. Simplemente a veces salía a relucir y ella aprovechaba la oportunidad que tenía para enterarse un poquito más sobre la persona con la que vivía. ¡qué es la reina de los detalles! Aunque nadie nunca se de cuenta, parece tan despistada y alborotada que poco creerían la increíble cantidad de información que posee entre las hebras de su larga melena, llena de secretos.

-No lo sé todo porque te gusta hacerte el misterioso y no me lo dices-. Le sacó la lengua a forma de reproche, lo intentaba una y otra vez, sin cansarse nunca y eso sólo terminaba con peleas en las que no se hablaban por días. A lo mejor la rubia era muy entrometida o el otro demasiado críptico para el gusto de ella, el punto es que jamás lograban ponerse de acuerdo; era una cuerda siempre tirante en la que ninguno de los dos daba a torcer la mano. -esa es una mentira gorda, acabarías ahogado en tu propio vómito-. Lo corrigió sutilmente, K huía, bien sabido era, pero de ahí a suicidarse había un abismo inmenso; antes de eso se autodestruiría, sí, el camino de caos le pegaba más a su personalidad que la actuación cobarde.

Lo observó acercarse y lo dejó besarle la frente, o lo que fuera, eso del espacio personal entre personas no aplicaba del todo entre ellos. El contacto de sus labios sobre la piel tuvieron un efecto instantáneo, no en el exterior, era más bien una sensación que la recorría de punta a punta. Uno de esos momentos en los que sí llegaba a sentir la diferencia de edades entre ambos, donde ella se volvía una cría latosa y él quién controla todos esos arranques de travesuras. Un momento íntimo cargado de significado, más íntimo que incluso todas las noches que pasaban juntos entre las sábanas de alguno de los cuartos, lo quería y antes de ser su amante era su amigo; un orden que ella no había impuesto pero le agradaba, para el sexo podía estar cualquier otro pero para su amigo, sólo él.

La rubia le sostuvo la mirada con una sonrisa. -Hoy andas agradeciendo mucho-. Puntualizó sin entender bien a qué venía todo eso, no había hecho nada en especial últimamente, más que levantarse a la hora del desayuno antes de que se enfriará y llegar a tiempo al trabajo todos los días. Ella lo siguió hasta el escritorio, parándose detrás de él con la barbilla pegada a su cabeza y los brazos rodeándole el cuello, observando el papel y los jeroglíficos con los que escribía la lista de las compras. -Creo que deberíamos separarlos, en los tuyos, los míos y los nuestros-. Sonaba enredado pero tenía mucho sentido, los ‘nuestros’ eran los que gastaban cada que coincidían en el piso, que tenían ganas uno del otro y los llevaba a ser algo más que simples compañeros de piso. Y los otros, los que gastaban con otras personas. El punto era que nunca faltaran provisiones en el conjunto, que luego llega a ser molesto y con erecciones sorpresa. -Ya sabes, croissants, leche, cereal, papel de baño, se acabó mi acondicionador, tus rastrillos…-. Enumeró las cosas que siempre se necesitan, como jabón para lavar los trastes y esas cosas. Lo miraba escribir sin apartarse de él, al menos hasta que se acordó de algo y terminó quitándole el lápiz. Tampones, anotó hasta el final del papel seguido de un corazoncito coqueto, que su periodo eran buenas noticias para todos siempre; y porque le daba gracia imaginar a K en el departamento de higiene femenina.

La alarma de su teléfono sonó en la otra habitación, al parecer se había hecho más tarde de lo planeado. Se inclino sobre él hasta que alcanzó sus labios y le dejó un beso sobre ellos bastante largo. -Anda, que se nos hace tarde-. Le jaló las mejillas con ambas manos antes de soltarlo, se quitó la playera con el cliché y se la aventó a la cabeza. Quedando solo en pantaletas se dirigió a la regadera, que el trabajo no espera a los que llegan tarde.

C · E · R · R · A · D · O

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